Mi nueva sonrisa: cómo algo invisible cambió mi vida

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Hay una frase que me gusta mucho y que siempre me ha perseguido. “Lo esencial es invisible a los ojos”. Seguro que sabes que se trata de la obra de El Principito, mi libro favorito y toda una lección de vida. Recomiendo a todo el mundo que lo lea, que además se puede encontrar gratis en Internet.

Pues bien, en mi caso se cumplió. Siempre había querido tener una sonrisa bonita, pero la idea de ponerme ortodoncia me daba pánico. No por miedo al dolor, sino por todo lo que suponía. Es decir, los malditos brackets, las molestias, las heridas molestas, el no poder lo que te gusta…

Además, soy una persona muy sociable y trabajo de cara al público. Pensar en llevar la boca llena de hierros durante meses me hacía retrasar una decisión que, en el fondo, sabía que necesitaba.

Así que durante años me acostumbré a sonreír con la boca cerrada. Me decían que no se notaba tanto, pero yo lo sabía. Mis dientes estaban algo torcidos y eso me hacía sentir mal. Hasta que un día, hablando con una amiga, me contó su experiencia con Invisalign y cómo le había cambiado la sonrisa sin que nadie se diera cuenta de que llevaba ortodoncia. La verdad es que me vendió muy bien la moto.

Buscando en internet encontré Value Dental, una clínica en Hortaleza (Madrid), especializada en ortodoncia Invisalign. Me animé a pedir una cita y desde la primera llamada sentí que estaba en el sitio adecuado.

Mi primera cita

El día de la cita, me recibió un equipo encantador. Me hicieron una valoración completa, con un escaneo digital 3D de mi boca. Me quedé impresionada al ver en la pantalla cómo se moverían mis dientes paso a paso y cómo quedaría mi sonrisa al final del tratamiento. Era como ver el futuro.

La doctora me explicó que Invisalign es un sistema de alineadores transparentes, hechos a medida, que se cambian cada 7 o 10 días. Son removibles, lo que significa que puedo quitármelos para comer o lavarme los dientes. Además, al ser prácticamente invisibles, nadie nota que los llevo puestos.

Me encantó la idea de poder mejorar mi sonrisa sin cambiar mis hábitos, que como te he contado antes era lo que más me costaba. Acepté el plan de tratamiento en ese mismo momento, porque es cierto que en mis amigas había visto como un aparato era un sacrificio.

Los primeros días

 

Cuando recibí mis primeros alineadores, me sorprendió lo cómodos que eran. Los primeros dos días noté una ligera presión, pero nada comparado con lo que imaginaba. No tuve heridas, ni llagas, ni molestias al hablar. Simplemente sentía que mis dientes estaban trabajando.

Me acostumbré enseguida a quitármelos para comer. Solo tenía que acordarme de llevarlos al menos 22 horas al día, como me indicó la doctora. Lo mejor era que podía comer de todo, sin limitaciones, y mantener mi higiene dental igual que siempre. Limpiar los alineadores también resultó muy fácil: un poco de cepillo y agua tibia, y quedaban perfectos.

Mis revisiones

Cada pocas semanas acudía a revisión en Value Dental. Siempre me atendían con una sonrisa, revisaban mis avances y me entregaban los siguientes alineadores. Me gustaba ver cómo mis dientes iban cambiando, poco a poco, sin que apenas me diera cuenta.

Y después de varios meses, llegó el momento que tanto había esperado: mi sonrisa final. Cuando me vi en el espejo, casi no podía creerlo. Mis dientes estaban alineados, mi mordida se había corregido y, lo más importante, me sentía feliz y segura. La verdad es que era otra persona, y aunque no te lo había dicho antes, ya he vuelto a mirarme al espejo porque antes ni me atrevía.

Una de las cosas que más valoro de esta clínica es la atención personalizada. Nunca me sentí una paciente más. La doctora se tomaba el tiempo de explicarme cada fase, de resolver mis dudas y de animarme cuando me preocupaba si el cambio sería suficiente.

A veces pienso en todo lo que habría ganado si me hubiera decidido antes. Invisalign me permitió transformar mi sonrisa sin renunciar a nada: ni a mi trabajo, ni a mi vida social, ni a mi comodidad. Y es que como el Principito, fui haciéndome un camino de mi vida hasta encontrar la felicidad.

Por eso, si estás pensando en mejorar tu sonrisa, pero te da miedo el proceso, te entiendo perfectamente. Yo estuve ahí. Pero te aseguro que dar el paso fue una de las mejores decisiones de mi vida.

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