Razones por las que pasar Navidad en Córdoba

Córdoba

Compartir

Siempre que llega diciembre, me vienen muchas ideas sobre a dónde ir por Navidad, pero hay un momento en el que me paro y pienso: ¿por qué buscar lejos lo que tengo casi al alcance?

Y ahí aparece Córdoba, a un par de provincias de distancia. Cada vez que voy me lo paso bien, me siento a gusto y descubro un nuevo rincón.

 

No hace falta conocer Córdoba al dedillo para disfrutarla en Navidad

Yo, por ejemplo, voy para pasarlo bien, parar donde me apetece y dejar que la ciudad me enamore por sí misma.

En diciembre, Córdoba está llena de actividades, luces, calles animadas y un ambiente que te engancha sin necesidad de buscarlo. Puedes ir solo, con amigos, con familia o con quien te dé la gana. La cuestión es dejarte llevar y no obsesionarte con querer verlo todo en un día, porque entonces no te enteras de nada.

Basta con dar un paseo por el centro, pillar un puesto de castañas, entrar en una tienda solo por curiosidad o sentarte en un banco a ver pasar a la gente. Esa mezcla de tranquilidad y movimiento tiene su encanto. Diciembre ayuda, claro, porque la ciudad se pone aún más bonita. Pero es Córdoba la que hace que te apetezca quedarte.

Y ya te aviso: si te gustan los sitios con historia, las calles estrechas, las plazas donde puedes sentarte a mirar la vida y la comida que reconforta, es muy difícil que la experiencia salga mal. Y si encima pillas el alumbrado encendido, la cosa mejora.

 

Monumentos que en Navidad parecen tener otro ritmo

Una de las cosas que más disfruto cuando voy a Córdoba en estas fechas es visitar algunos monumentos sin el agobio que suelen tener en otras épocas. No es que se queden vacíos, pero la sensación es distinta. No sé si es el frío, el ambiente o que todo el mundo va con más calma, pero es agradable.

Empezando por lo básico: la Mezquita-Catedral. Da igual cuántas veces la veas, siempre te sorprende. Durante la Navidad, el silencio, los murmullos y la gente paseando despacio crea una atmósfera tranquila. Yo suelo ir a primera hora porque así no me siento obligado a hacer fotos ni a seguir un ritmo rápido. Entro, miro, camino un poco y dejo que el sitio hable por sí solo. Es un lujo poder hacerlo sin prisas.

Otro lugar que me gusta especialmente en diciembre es el Alcázar de los Reyes Cristianos. Los jardines en invierno tienen algo especial. Solo diré que son bonitos, punto, y verlos sin un sol que te derrite es agradable. Me gusta pasear por los caminos laterales, ver la torre y asomarme a las vistas. Cuando hace fresco, todo se siente más relajado.

También vale la pena acercarse a la Judería. Sé que es una zona muy visitada, pero en Navidad el ambiente es diferente. Las tiendas decoran sus entradas, los bares están más animados y las calles estrechas, aunque tengan gente, se sienten acogedoras. Yo suelo perderme un poco por allí, sin rumbo. Es fácil acabar encontrando un sitio donde tomar algo o descubrir un pequeño museo que no conocías.

Y si te apetece algo más tranquilo, los Patios. Aunque la fiesta oficial es en mayo, muchos siguen abiertos en diciembre para visitas. No están llenos de flores como en primavera, pero siguen siendo agradables. A mí me gusta escucharlos más que verlos. Se oye el agua, algún vecino pasando y poco más. Es un tipo de visita que te baja el ritmo.

Si me preguntas por un sitio al que vuelvo siempre, ese es el Puente Romano, de este lugar estoy muy enamorada. Al atardecer se está genial y en Navidad es aún mejor, porque el ambiente es más tranquilo y el contraste con la ciudad iluminada tiene su encanto. Caminas, miras el río, respiras y te sientes bien.

 

Actividades que hacen diciembre mucho más entretenido

En Córdoba también hay actividades para todos los gustos.

Por ejemplo, el mercado navideño de la Plaza de las Tendillas. No es muy grande, pero está muy bien para dar una vuelta, comprar algún detalle o curiosear. Yo soy de las que miran más que de las que compran, pero de vez en cuando cae algo.

También suele haber conciertos y actividades culturales repartidos por la ciudad: coros, pequeños espectáculos en la calle… No tienes que buscar, te los encuentras de repente. Esta parte me encanta porque da la sensación de que siempre hay algo que encontrar, incluso entre semana. Y eso te anima a salir más.

Si te gustan los belenes, Córdoba tiene varios muy cuidados. Algunos son enormes, otros más tradicionales, otros hechos por asociaciones del barrio. Yo no soy especialmente fan, pero reconozco que algunos trabajos impresionan. Ves detalles que ni te esperas y, quieras o no, acabas apreciando el esfuerzo.

En estas fechas también hay rutas nocturnas que vale la pena hacer. Las ciudades cambian mucho por la noche y Córdoba aún más si la recorres con alguien que la conoce bien. Las luces, el silencio, la temperatura… todo suma. Y como en diciembre anochece pronto, puedes hacer estos planes sin tener que trasnochar demasiado.

Además, diciembre es buen mes para entrar en cafeterías que en otras épocas están llenas. Córdoba tiene bastantes sitios donde te puedes sentar a gusto. Un chocolate caliente o un café, una conversación tranquila y un rato para descansar del frío.

 

El alumbrado es precioso

Está muy bien puesto y da gusto pasear por las calles principales. Yo soy de los que dice “Vale, solo doy una vuelta”, y al final termino caminando media ciudad, porque quiero ver cómo han iluminado una calle u otra.

La zona del centro es donde más se nota. Las Tendillas, la calle Cruz Conde, la zona de Capitulares… todas preparan un ambiente muy animado. La gente camina más despacio, los niños se paran en cada esquina, los mayores se hacen fotos por todas partes y tú, aunque no seas de fotos, acabas haciéndote una también. No pasa nada, todos caemos.

Además del alumbrado general, hay decoraciones muy cuidadas en comercios, patios y plazas. A veces simplemente ves algo bonito desde lejos y te acercas para curiosear. Es parte del encanto de estas fechas. Los escaparates se ponen creativos y las plazas cogen un ambiente más cálido, incluso si hace frío.

 

También tienes que probar sus comidas

En Córdoba se come bien, y en Navidad hay productos típicos, platos calientes que reconfortan y dulces que aparecen por todas partes.

Para empezar, los churros con chocolate, que allí saben mejor. Será la temperatura, será que me sientan bien después de caminar durante horas, pero es un plan que repito siempre. Y si no eres de churros, siempre puedes ir a por un café y un pastel en alguna pastelería del centro.

En los bares tienes tapas de todo tipo. Lo bueno es que puedes entrar en uno, pedir algo simple, charlar un rato y seguir caminando. Yo suelo pedir platos que ya conozco para no complicarme, pero también me gusta probar algún dulce navideño típico de Córdoba, como los roscos o los pestiños. Son sencillos, pero te arreglan la tarde.

Si vas con familia o amigos, las comidas largas se vuelven parte del viaje. Hay un montón de locales donde puedes estar a gusto con platos tradicionales. Y si pillas un día frío, un caldo o un guiso te sienta como un abrazo, pero sin metáforas.

 

Detalles finales

En diciembre, Córdoba se vive a pie. Solo necesitas una chaqueta, ganas de caminar y tiempo para descansar cuando te apetezca. Es una ciudad que se presta a eso, porque tiene cultura, historia, ambiente y buen comer. Con esa mezcla es difícil pasarlo mal.

A veces me preguntan qué recomiendo hacer para aprovechar bien una visita navideña, y yo siempre digo que no se trata de verlo todo, sino de ir sin prisas y disfrutar. Las mejores experiencias suelen salir de planes improvisados. Un belén que no esperabas, una calle iluminada que aparece al doblar la esquina, un bar tranquilo, un rincón que te llama la atención.

Contarte Córdoba, una agencia de visitas guiadas nos aconsejan que, intentes pasar al menos una noche paseando sin ninguna ruta marcada, sin mapa. A veces, lo más interesante no está en lo que buscas, sino en lo que aparece por casualidad.

 

Cuando pienso en diciembre, pienso en sitios donde puedo estar bien sin complicarme

Córdoba es uno de ellos. Tiene un ritmo amable, actividades accesibles, monumentos que impresionan sin necesidad de adornos, calles que invitan a caminar y un ambiente que te hace sentir acompañado aunque vayas solo. Es un destino familiar, que me gusta muchísimo.

Cada visita me recuerda que a veces lo sencillo es lo que mejor funciona. Caminar, comer bien, ver luces, escuchar música, entrar en un sitio porque te apetece y no porque toca. Es una forma de viajar que encaja con lo que busco ahora mismo: estar bien sin hacer un esfuerzo enorme.

Si alguna vez te apetece pasar una Navidad diferente, sin grandes expectativas ni complicaciones, Córdoba puede ser ese lugar que te sorprende sin avisar. No necesitas prepararte mucho; basta con llegar, respirar hondo y dejar que la ciudad haga su parte. Y, en diciembre, lo hace bastante bien.

Más para explorar

En la salud y en la sauna

Hablar de los beneficios de la sauna no es algo novedoso y no vamos a descubrir nada nuevo al respecto, salvo que hablemos de los avances tecnológicos. Sin

Scroll al inicio