Hablar de los beneficios de la sauna no es algo novedoso y no vamos a descubrir nada nuevo al respecto, salvo que hablemos de los avances tecnológicos. Sin embargo, aunque prácticamente todo se haya dicho sobre lo bueno y malo de los baños de vapor, así como sus diferentes tipos, nunca está de más recordarlo. Así que, eso vamos a hacer, hablar sobre lo bueno que puede ser para la salud, tomar unas saunas de cuando en cuando. Porque aunque lo sepamos y lo tengamos muy claro, lo cierto es que la mayoría, posponemos ir a sudar por gusto.
Lo cierto es que algunos hábitos, pequeños y sencillos, como los baños de vapor, ayudan a que se mantenga una buena salud. Una terapia antigua de desintoxicación y cura para el cuerpo y la mente, con una facilidad de acceso en la actualidad que casi obliga a ir. Es raro el gimnasio que no dispone de una, además de los centros wellness de bienestar o los spa. Además, existe varios tipos de saunas: de infrarrojos, sauna húmeda, sauna seca, baño turco, sauna finlandesa… para todos los gustos.
Quienes utilizan la sauna con frecuencia, suelen entrar un ratito después de realizar algo de ejercicio físico. Lo más habitual es encontrarse a personas jóvenes o adultas, pero pocas personas mayores. Aunque para esta parte de la población, es bastante aconsejable el uso de la sauna, lo cierto es que la edad no importa a la hora de beneficiarse del uso de la sauna. Al entrar en una, se acelera el ritmo cardíaco, pasando a cien o ciento cincuenta por minuto y se dilatan los vasos sanguíneos, aumentando la circulación como sucede cuando se realiza ejercicio de baja intensidad. Lo que no supone sustitución de la actividad física, pero sin un excelente complemento.
Una larga historia y algunos inconvenientes
Puede dar la sensación de que la sauna es un invento moderno, cuando lo cierto es que tiene unos orígenes bastante lejanos. Tanto la sauna como las cabañas de sudoración, vienen de lejos y proceden de diferentes sociedades. Desde los países nórdicos, como nos confirman los fabricantes de saunas en Luxe Hogar, hasta Centroamérica, han utilizado la sauna como medio seguro para liberar y limpiar el cuerpo durante siglos. Como ejemplo tenemos Finlandia, en donde utilizan la sauna desde hace más de dos milenios, siendo muy común que las casas dispongan de una sauna propia.
Si bien en sus orígenes, las razones de utilizar la sauna diferían de las razones actuales, lo cierto es que beneficios aporta bastantes. De hecho, el calor que desprende una sauna debido a sus altas temperaturas, ejercen un efecto profundo en el corazón, el cerebro y, por supuesto, la piel. Ayudando en la liberación de las toxinas que los metales pesados dejan en nuestro cuerpo.
En la actualidad, estamos demasiados expuestos a infinidad de toxinas, por lo que resulta de gran importancia contar con medidas de desintoxicación simples que puedan realizarse con regularidad. Muchos investigadores, determinan que utilizar la sauna con regularidad, reduce el riesgo de padecer demencia, Alzheimer y enfermedades del corazón. Patologías, todas ellas, relacionadas con las personas de mayor edad.
Aun tratándose como se trata de una actividad con grandes beneficios, cuenta con alunas contraindicaciones que se deben tener en cuenta. Solo los bebés y las personas que padecen enfermedades graves o tienen heridas abiertas, deben evitar la sauna. De manera que si padeces alguna de las dolencias siguientes, la sauna no es una opción:
- Problemas de corazón como infarto de miocardio.
- Problemas venosos crónicos, insuficiencia venosa, síndrome postrombótico.
- Varices en fase aguda.
- Problemas de circulación cerebral, trombosis, estados tras infarto cerebral.
- Tensión arterial muy bajo.
- Hipertensión de origen renal.
- Enfermedades inflamatorias agudas como hepatitis y nefritis.
- Glaucoma.
- Hipertiroidismo.
- Tumores.
- Enfermedades infecciosas.
En el caso de las mujeres embarazadas, hasta hace poco, se desaconsejaba durante las primeras semanas de la gestación, debido a que el aumento de temperatura corporal podía poner en peligro el desarrollo del feto. No obstante, estudios más recientes, sugieren que el riesgo de hipertermia es bajo, concluyendo que las embarazadas pueden tomar baños de sauna de hasta setenta grados durante veinte minutos. De cualquier manera, en caso de estar embarazada, lo mejor es consultar con el ginecólogo.
Evitar el alcohol antes de entrar en una sauna es fundamental si no se quiere correr el riesgo de deshidratación, sufrir hipotensión, arritmia o un paro cardíaco. Tampoco conviene exceder el tiempo en la sauna y pasar de los veinte minutos. Para los que no lo sepan, las primeras veces no hay que pasar de los cinco o diez. Tener cuidado con la deshidratación es fundamental, puesto que el sudor que se produce en la sauna puede hacer que se pierda más liquido del que se repone, por lo que hay que beber agua, antes, durante y después.
Ahora sí: beneficios de la sauna
Hemos empezado con las contraindicaciones de la sauna en según qué casos, aunque lo más habitual, suele ser contar lo bueno. Ahora sí, toca adentrarse en las bondades de la sauna. En los porqués de que todos deberías acudir a la sauna con frecuencia, porque se trata de algo muy sencillo que no conlleva mayor esfuerzo que ir hasta allí. Todos sabemos que un baño de sauna ayuda a desatascar las vías respiratorias debido al vapor, lo que implica una mejor respiración, además de dejar una piel más bonita. Pero no son los únicos beneficios que reporta esta actividad con milenios de historia. Veamos algunos más de estos beneficios.
- Ayudan al cuerpo a desestresarse, descansar, digerir y sanar.
- Reduce los niveles de estrés.
- Mantiene estables las hormonas de la tiroides, la insulina, la testosterona y el estrógeno.
- Favorece la cicatrización de tejidos y heridas, incluyendo lesiones en la retina.
- Ayuda a reducir los signos de envejecimiento, hace que la piel parezca más joven y saludable, estimulando la producción de colágeno y elastina (endurece la piel, alivia las estrías y la celulitis)
- La sudoración ayuda a eliminar bacterias de la piel y disminuir el acné. Se recomienda en personas que padecen psoriasis y eczema.
- Ayuda con la pérdida de peso.
- Dilata los vasos sanguíneos, aumentando el flujo sanguíneo y la circulación en general. Aumenta el ritmo cardíaco.
- Reduce la producción de proteínas nocivas.
- Evita la gripe, el constipado y las enfermedades coronarias.
- Alivia los síntomas asociados con la depresión, las enfermedades autoinmunes, la migraña y la fatiga, reduce el dolor crónico y la espondilitis anquilosante.
- Es buena terapia en algunos tratamientos de cáncer, ayudando a eliminar células cancerígenas sin dañar a las normales ni el tejido corporal.
- El sudor es uno de los mejores métodos para eliminar ciertas toxinas.
- Protege al cerebro de enfermedades neurológicas como el Alzheimer o la demencia.
En este último caso, existen investigaciones recientes que demuestran que el Alzheimer y la sauna, están relacionados. Las personas que utilizan la sauna de cuatro a siete veces por semana, durante quince minutos, presentan un menor riesgo de desarrollar demencia o Alzheimer, si se comparan con personas que solo acuden una vez a la semana.
A este dato de suma relevancia, se le añade otro punto a favor: la presión sanguínea o arterial. Tras una sesión de sauna, lo normal es que la presión sea más bajo, algo positivo para el corazón. Como bien sabemos, la presión arterial elevada, supone un factor de riesgo importante en lo relativo a las enfermedades cardiovasculares y cognitivas.
Para hacer un uso correcto y adecuado de la sauna, se aconseja acudir cuatro o cinco veces a la semana, entre once y veinte minutos por sesión. Sin superar nunca los veinticinco. La temperatura debe oscilar entre los ochenta y noventa grados, sin superarla. Se trata de una actividad que proporciona grandes y numerosos beneficios, pero someterse a altas temperaturas no siempre es bueno. Por lo que hay que tomar ciertas precauciones antes de decidirse a acudir con frecuencia. En caso de duda, lo mejor es acudir al médico, que puede aconsejar en función del historial, lo que evita complicaciones y garantiza que se trate de una actividad beneficiosa.
Observar cómo te sientes al tomar la sauna, si eres sensible al calor, sientes mareo, náuseas o incomodidad, lo mejor es salir de la sauna. Mantener la hidratación de principio a fin, bebiendo agua antes, durante y después, para reponer los electrolitos y acudir acompañado hasta que sepas que no sufres riesgo, son algunos de los consejos que suelen dar a los principiantes en la sauna. Quitarse las joyas, proteger el cabello, vestir ropa adecuada, suelta o traje de baño y descansar y refrescarse al finalizar, hace que disfrutemos de todos los beneficios que proporciona la sauna.
Poco más podemos añadir sobre los beneficios que proporciona la sauna. En conclusión, se trata de una actividad muy positiva para el cuerpo y la salud en general, pero que debe tomarse con precaución en determinados casos y circunstancias. Teniendo en cuenta las precauciones a tener, el uso de la sauna es tan bueno y relajante para el cuerpo, como seguro para la salud.

