Las varices en las piernas pueden reaparecer.

Prevenir la reaparición de varices.

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Las varices son mucho más que una anomalía estética. Están relacionadas con la circulación de la sangre. Aunque hoy en día se pueden tratar, extirparlas o hacer que desaparezcan, es preciso advertir que, si no se ha resuelto la causa que las ha originado, hay riesgo de que reaparezcan. Un riesgo que, llevando un seguimiento médico especializado, se puede minimizar en gran medida.

Indica la página web para profesionales de la salud MSD Manuals que las varices no se pueden eliminar en todos los casos de manera definitiva. La insuficiencia venosa, la enfermedad causante de la mayoría de las varices, es una enfermedad crónica, que en ocasiones tiene un factor genético hereditario.

Aunque una variz haya sido eliminada correctamente y ya no vuelva a aparecer, la enfermedad puede hacer que aparezcan con el tiempo nuevas varices en otras zonas de la pierna.

Por otro lado, en casos de insuficiencia venosa progresiva; es decir, la enfermedad que causa las varices está en progresión, las válvulas que empujan la sangre venosa no cierran bien y este efecto no se puede revertir completamente, el trabajo del médico debe centrarse en controlar la evolución, aliviar los síntomas y evitar que aparezcan problemas mayores.

Las varices, a medida que aumentan de tamaño y de grosor, tienden a complicar el día a día del enfermo. Ya no es solo que no nos dejen lucir las piernas por esa imagen azulada que deja bajo la piel, sino que producen pesadez en las piernas, dolor alrededor de las venas varicosas y picor intenso.

Sobre las varices, sus causas y los tratamientos para abordarlas, te hablamos en el siguiente artículo.

¿Qué son las várices?

Cuentan los cirujanos de Centro Quirúrgico Calero y Manzano, una clínica quirúrgica de Cartagena (Murcia) especializada en cirugía general y del aparato digestivo, y con formación específica y una larga experiencia en el tratamiento de patologías venosas, que las varices son venas superficiales que se encuentran dilatadas.

Las varices se producen cuando las venas superficiales se dilatan debido al mal funcionamiento de las válvulas que regulan el paso de la sangre hacia el corazón. Estas válvulas actúan como un sistema de compuertas que impide el retroceso del flujo sanguíneo. Cuando se debilitan o dejan de cerrar correctamente, la sangre se acumula en el interior de las venas, aumentando la presión y favoreciendo su dilatación.

Las manifestaciones pueden variar desde pequeñas arañas vasculares, con un componente principalmente estético, hasta várices de mayor tamaño que ocasionan molestias importantes. Entre los síntomas más habituales se encuentran la sensación de pesadez y cansancio en las piernas, hinchazón al final del día, dolor, calambres nocturnos, picor en la piel y cambios en la coloración de la zona afectada. Estas molestias suelen intensificarse tras permanecer muchas horas de pie o sentado y durante los meses de calor, mientras que descansar con las piernas elevadas suele proporcionar alivio.

La predisposición genética desempeña un papel importante en el desarrollo de esta enfermedad, por lo que, sin un tratamiento adecuado, las várices tienden a evolucionar con el paso del tiempo. Además de aumentar las molestias, pueden aparecer complicaciones como úlceras venosas, trombosis, hemorragias o alteraciones permanentes de la piel.

Por este motivo, es recomendable acudir a un especialista ante los primeros síntomas. Tras una valoración personalizada, el cirujano vascular determinará el tratamiento más adecuado en cada caso.

Las causas.

La web médica del National Heart, Lung and Blood Institute de Estados Unidos indica que, aunque existe un componente genético en la aparición de las várices, este no se puede considerar la causa principal. Las varices son más frecuentes en mujeres que en hombres y tienden a manifestarse más a medida que nos vamos haciendo mayores. Digamos que el factor hereditario es una predisposición. Pero hay otros factores más decisivos que influyen en que aparezcan.

La edad es uno de los factores más importantes. Con el paso de los años, las paredes venosas pierden elasticidad y las válvulas que impiden que la sangre retroceda se debilitan. Como consecuencia, parte del flujo sanguíneo queda retenido en las piernas, favoreciendo la dilatación progresiva de las venas.

Las mujeres presentan una mayor predisposición a sufrir varices debido a las variaciones hormonales que se producen durante la pubertad, el embarazo y la menopausia. Estas hormonas relajan la pared de los vasos sanguíneos y pueden dificultar el retorno venoso. Algunos tratamientos hormonales o los anticonceptivos también pueden incrementar este riesgo en determinadas pacientes.

El embarazo reúne varios factores que favorecen la insuficiencia venosa. Por un lado, aumenta el volumen de sangre que circula por el organismo. Por otro lado, el crecimiento del útero ejerce presión sobre las venas de la pelvis, dificultando el retorno de la sangre desde las piernas hacia el corazón.

El sobrepeso y la obesidad desempeñan un papel importante, ya que el exceso de peso incrementa la presión sobre el sistema venoso y obliga a las venas a realizar un mayor esfuerzo para impulsar la sangre.

Otros factores son permanecer muchas horas sentado o de pie sin moverse, llevar una vida sedentaria, haber sufrido trombosis venosas o presentar alteraciones congénitas en las válvulas de las venas. En todos estos casos, la circulación se vuelve menos eficiente, favoreciendo el estancamiento de la sangre y el desarrollo de las várices con el paso del tiempo.

Algunos falsos mitos sobre las varices.  

Las varices son un problema de salud que siempre ha existido. Por lo que no es extraño que se hayan creado toda una serie de mitos y de remedios caseros que es necesario desmontar para tratarlas adecuadamente.

Uno de los mitos más extendidos es pensar que hacer ejercicio elimina las varices. La actividad física es beneficiosa porque fortalece la musculatura de las piernas y favorece el retorno de la sangre hacia el corazón. Sin embargo, una vez que las venas se han dilatado y sus válvulas están dañadas, el deporte no puede hacerlas desaparecer. Eso sí, caminar, nadar o montar en bicicleta contribuye a aliviar síntomas como la pesadez o la hinchazón.

También es falso que las medias de compresión eliminen las varices. Así lo señala la página web de Farmalastic, uno de sus fabricantes. La función de estas medias consiste en ejercer una presión gradual sobre las piernas para mejorar la circulación y reducir el estancamiento de la sangre. Utilizadas de forma habitual, pueden aliviar las molestias, retrasar la progresión de la enfermedad e incluso prevenir complicaciones, pero no hacen desaparecer las venas ya afectadas.

Otra creencia equivocada es que las várices son un problema exclusivamente femenino. Aunque las mujeres las padecen con mayor frecuencia debido a factores hormonales y al embarazo, muchos hombres también las desarrollan, especialmente quienes permanecen muchas horas de pie o sentados por motivos laborales.

Algunas personas creen que tomar aspirina puede curar las várices. Este medicamento no actúa sobre la causa del problema y nunca debe utilizarse con ese fin sin prescripción médica.

Por último, existe la idea de que las várices siempre vuelven tras el tratamiento. En realidad, las venas tratadas no reaparecen si el procedimiento se ha realizado correctamente. Lo que sí puede ocurrir es que, con el paso del tiempo y si persisten los factores de riesgo, aparezcan nuevas varices en otras zonas de las piernas.

Los tratamientos no quirúrgicos.

Dependiendo de la gravedad de las varices, se puede recurrir a métodos quirúrgicos o no quirúrgicos. MSD Manuals nos cuenta que la tendencia actual es recurrir a estos últimos, ya que no son invasivos.

La ablación láser o por radiofrecuencia es una de las técnicas más utilizadas para tratar varices de mayor tamaño. Mediante la aplicación de energía térmica en el interior de la vena, sus paredes se cierran progresivamente hasta que deja de circular sangre por ella. Con el paso del tiempo, el organismo la reabsorbe de forma natural y el flujo sanguíneo se desvía hacia venas sanas. Se trata de un procedimiento poco invasivo que permite una recuperación rápida y ofrece un buen resultado estético.

El tratamiento con inyecciones (escleroterapia) consiste en introducir un medicamento esclerosante en la vena afectada para provocar su cierre. La vena tratada acaba transformándose en un tejido fibroso que el propio organismo elimina gradualmente. Tras la sesión, suele recomendarse el uso de medias de compresión para favorecer el éxito del tratamiento y reducir las molestias. Aunque en ocasiones son necesarias varias sesiones, el paciente puede continuar con su actividad cotidiana desde el primer momento.

La microcirugía está indicada cuando es necesario retirar pequeñas venas varicosas mediante diminutas incisiones realizadas con anestesia local. Es un procedimiento ambulatorio que apenas deja cicatrices y cuya recuperación suele ser rápida, permitiendo regresar a casa el mismo día de la intervención.

La escleroterapia líquida se emplea principalmente para tratar arañas vasculares y varices de pequeño calibre. Gracias a su precisión, permite mejorar tanto la circulación como el aspecto estético de las piernas.

Por su parte, la escleroterapia con espuma resulta especialmente eficaz en venas de mayor tamaño. La espuma desplaza la sangre del interior de la vena, entra en contacto directo con sus paredes y favorece su cierre definitivo, ofreciendo buenos resultados sin necesidad de recurrir a cirugía convencional.

La intervención quirúrgica.

Como hemos dicho antes, la cirugía ha dejado de ser el tratamiento preferente para eliminar las varices. Sin embargo, la intervención quirúrgica sigue siendo la alternativa más eficaz cuando las varices son especialmente voluminosas o existe una insuficiencia venosa avanzada que no puede resolverse con otros procedimientos. Como explica la web Top Doctors.

La cirugía suele recomendarse cuando las venas presentan una gran dilatación, sobresalen claramente bajo la piel o provocan complicaciones como úlceras venosas, alteraciones en la coloración de la piel, inflamación persistente o episodios repetidos de dolores y calambres. En estas situaciones, eliminar la vena afectada puede aliviar los síntomas y evitar que la enfermedad continúe progresando.

La técnica más utilizada es la denominada ligadura y extirpación. Consiste en bloquear el paso de la sangre por la vena enferma mediante el cierre de sus extremos y, posteriormente, retirar el segmento dañado. La circulación venosa no se ve perjudicada, ya que la sangre encuentra vías alternativas a través de otras venas sanas del sistema circulatorio.

Habitualmente, la intervención se realiza con anestesia general o regional y suele prolongarse entre dos y tres horas, dependiendo de la extensión de las varices. En la mayoría de los casos requiere una estancia hospitalaria muy breve o puede llevarse a cabo en régimen ambulatorio.

A pesar de algunos mitos muy extendidos, la cirugía actual deja cicatrices poco visibles gracias al empleo de incisiones de pequeño tamaño. Es normal que aparezcan hematomas, inflamación o una ligera sensación de tirantez durante los primeros días, aunque estos síntomas desaparecen progresivamente. La recuperación suele completarse en un periodo de entre diez días y dos semanas, permitiendo retomar la actividad habitual de forma gradual.

Cambio de hábitos.

Una vez eliminadas las varices, conviene realizar algunos cambios de estilo de vida para evitar la reaparición. Es probable que nuestro médico nos aconseje algunos de ellos.

Uno de los consejos más importantes es mantener un peso saludable. Como dijimos antes, el exceso de peso incrementa la presión sobre las venas de las piernas y dificulta el retorno de la sangre hacia el corazón. Reducir el sobrepeso favorece una mejor circulación de la sangre.

La práctica regular de ejercicio también va a mejorar nuestra salud circulatoria y va a prevenir la reaparición de várices. Caminar, montar en bicicleta, nadar o realizar cualquier actividad física moderada activa la musculatura de las piernas, que funciona como una bomba natural para impulsar la sangre hacia arriba. Por el contrario, el sedentarismo favorece el estancamiento de la circulación venosa.

El tipo de calzado también influye. Se recomienda utilizar zapatos cómodos, con espacio suficiente para los dedos y un tacón bajo, de aproximadamente dos o tres centímetros. En cambio, los tacones muy altos o el calzado que limita el movimiento del tobillo dificultan el funcionamiento normal de la musculatura de la pantorrilla.

Otro hábito saludable consiste en evitar permanecer muchas horas sentado o de pie en la misma posición. Siempre que sea posible, conviene levantarse, caminar unos minutos o mover las piernas con frecuencia para estimular la circulación de la sangre.

Si hemos padecido varices, visitar a nuestro médico de vez en cuando nos ayuda a prevenir la reaparición.

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