Aumentan las reformas para sustituir las bañeras por platos de ducha

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En los últimos años, una de las reformas más habituales en los hogares es la sustitución de las bañeras por platos de ducha. Este cambio, que hace no mucho tiempo era visto como una modificación puntual, se ha convertido en una tendencia generalizada que responde tanto a criterios de funcionalidad como de estética. Cada vez más personas deciden dejar atrás la bañera tradicional para dar paso a un espacio de ducha más amplio, accesible y adaptado a las necesidades de la vida diaria.

Las razones de este fenómeno son variadas, pero una de las más importantes es la comodidad. El ritmo de vida actual deja poco tiempo para disfrutar de largos baños, mientras que la ducha ofrece rapidez y eficiencia. A esto se suma que, para personas mayores o con movilidad reducida, entrar y salir de una bañera puede resultar incómodo o incluso peligroso. El plato de ducha, al estar a ras de suelo o a muy poca altura, facilita el acceso y reduce el riesgo de caídas, lo que convierte esta reforma en una inversión en seguridad.

El ahorro de espacio es otro de los motivos que impulsan esta transformación, ya que, en muchos pisos y casas antiguas, los baños no son especialmente amplios, y la sustitución de la bañera por un plato de ducha permite liberar superficie y ganar sensación de amplitud. Esto no solo mejora la funcionalidad del baño, sino que también abre la puerta a incorporar otros elementos, como muebles de almacenaje adicionales o zonas de encimera más generosas. Incluso en baños grandes, la ducha ofrece un diseño más limpio y moderno que contribuye a una estética más actual.

El aspecto visual juega un papel importante en esta tendencia, tal y como nos cuentan desde Ecozon, expertos en cambiar la bañera por plato de ducha en Alicante, quienes nos muestran a través de catálogos que los platos de ducha actuales ofrecen una gran variedad de acabados, tamaños y materiales, desde porcelana o resina hasta piedra natural, lo que permite personalizar el espacio al gusto del propietario. Combinados con mamparas de cristal transparente, perfiles minimalistas o incluso paredes revestidas con azulejos de gran formato, el resultado es un baño más elegante y luminoso. La reforma, además, no requiere necesariamente grandes obras: en la mayoría de los casos puede realizarse en pocos días, lo que la hace atractiva para quienes no quieren afrontar largos periodos de incomodidad en casa.

El factor económico también influye, puesto que, aunque instalar un plato de ducha tiene un coste, suele ser más asequible que una reforma integral del baño, y su impacto en la comodidad diaria es muy significativo. Además, puede considerarse una inversión a largo plazo, ya que incrementa el valor de la vivienda y la hace más atractiva para futuros compradores. Muchos potenciales compradores valoran positivamente que el baño esté ya adaptado con ducha, especialmente si piensan en la vivienda como un espacio donde envejecer cómodamente.

Otro aspecto que no se puede pasar por alto es el ahorro de agua y, en este sentido, tomar una ducha, en general, consume menos agua que llenar una bañera, lo que no solo supone un beneficio económico en la factura, sino que también contribuye a un uso más responsable de los recursos naturales. En un contexto de creciente conciencia medioambiental y, en algunos lugares, de restricciones por sequía, este argumento se vuelve cada vez más relevante.

¿Cuánto suele costar este tipo de reforma?

El coste de sustituir una bañera por un plato de ducha puede variar bastante en función de varios factores, pero, de forma orientativa, en España suele situarse entre 800 y 2.000 euros en la mayoría de los casos.

En el rango más económico encontramos las reformas básicas, que incluyen un plato de ducha estándar de cerámica o resina, una mampara sencilla y una intervención mínima sobre la fontanería y los revestimientos existentes. Este tipo de obra suele implicar retirar la bañera, adaptar la conexión del desagüe y colocar el nuevo plato con su mampara, manteniendo la mayor parte del alicatado original.

En el extremo superior del rango, el presupuesto se eleva cuando se opta por materiales de gama alta, platos extrafinos o de piedra natural, mamparas sin perfilería, griferías termostáticas, revestimientos de microcemento o porcelánico de gran formato, así como cambios más profundos en la distribución o en la instalación de fontanería. En estos casos, el precio puede acercarse o superar los 2.500 euros, sobre todo si se aprovecha para renovar otros elementos del baño.

El tiempo que requiere la obra depende de la complejidad. En una reforma sencilla, sin cambios estructurales importantes, el trabajo puede completarse en uno o dos días, lo que hace que sea una de las intervenciones más rápidas y limpias dentro del ámbito de la reforma de baños. Esto significa que en menos de 48 horas es posible pasar de tener una bañera tradicional a contar con una ducha completamente funcional. Sin embargo, si se incluyen trabajos adicionales como cambiar todo el revestimiento de paredes y suelos, mover la grifería o incorporar elementos decorativos más elaborados, el plazo puede alargarse a tres o cuatro días.

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