La piel tiene su microbiota

Se habla mucho del microbioma intestinal. Lo que antes conocíamos como la flora es ahora el microbioma y no solo se encuentra en el intestino. Tenemos microbiota en todo el organismo, piel incluida. Aunque no lo veamos a simple vista, sobre la piel vive un ecosistema de microorganismos tan abundante como importante: bacterias, hongos y sus diminutos aliados desempeñan un papel fundamental para la salud y el equilibrio natural de la dermis.

A este conjunto de microorganismos se lo conoce como el microbioma de la piel y tiene una importancia mayor de la que imaginamos. Se encarga de fortalecer las defensas, mantener la hidratación y ayudar en la prevención de las molestas irritaciones que se pueden presentar en la piel. El microbioma es el conjunto de microorganismos que habitan tanto en la piel como en otras partes del cuerpo, un ecosistema vivo que trabaja en simbiosis con el cuerpo y no solo protege la piel, sino que también regula funciones clave como el sistema inmunológico y el equilibrio general de la salud de la piel.

Se forma al nacer, desde el primer momento en que venimos al mundo, cuando el microbioma empieza a crearse y establecerse. El contacto con la madre durante el parto y la lactancia es la primera fuente de esos microorganismos tan esenciales. Es tan exclusivo y único como la misma huella dactilar. Es decir, cada persona tiene un microbioma único que se crea y moldea por la genética particular, el entorno, la dieta y el estilo de vida. Su peso es mayor de lo que podemos imaginar, pudiendo alcanzar los dos kilos.

No se trata únicamente de un conjunto de microbios o microorganismos; el microbioma es un ecosistema complejo en el que se incluyen los habitantes y el entorno en el que se mueven. Cada uno de los microorganismos que forman parte de la microbiota tiene una función específica: algunos fortalecen la barrera protectora de la piel, en tanto que otros ayudan al sistema inmunológico a identificar las amenazas, mientras otros mantienen la piel equilibrada y saludable descomponiendo sustancias esenciales.

Lo que hace el microbioma

Para saber la función que cumple el microbioma de la piel, hemos preguntado a los expertos en probióticos y microbiota de Probactis, donde se puede encontrar una gama de probióticos y enzimas que contribuye a mantener el equilibrio de las microbiotas del cuerpo, promoviendo el bienestar general y el funcionamiento normal del sistema digestivo, respiratorio e inmunitario, además de la piel.

Las funciones que tiene el microbioma de la dermis son de lo más diversas, así como esenciales para que se mantenga una piel sana y en equilibrio. Ejerce como una barrera viva que protege la piel frente a la agresión de los agentes externos como las bacterias dañinas, los alérgenos y los contaminantes. Como si se tuviera una armadura invisible con la que combatir a los invasores antes de que hagan daño.

Además, regula el sistema inmunológico; no solo protege la piel físicamente, sino que también se comunica con las defensas del organismo y ayuda a que sepa diferenciar entre los microorganismos buenos y los malos. Trabaja como si fuera un entrenador personal para el sistema inmune.

Otra de sus funciones es ayudar a la hora de regenerar la piel. El microbioma cutáneo juega un papel esencial en los procesos de reparación y renovación de la piel cuando se produce algún daño como una herida o irritación. Los microorganismos buenos del microbioma se activan para apoyar la cicatrización y reducir la inflamación. También estimulan la regeneración celular y fortalecen la barrera de la piel para que resista ante futuras agresiones.

Podríamos decir que el microbioma se asemeja a un ejército microscópico que regula el pH natural de la piel, factor clave para que las células de la piel funcionen de forma correcta. Mantiene el equilibrio y fomenta que la barrera sea más fuerte, ayudando a prevenir que se produzca pérdida de hidratación y reduciendo la sensibilidad a los agentes externos.

Para determinar si el microbioma de la piel se encuentra en buen estado, hay que prestar atención a las señales que produce. Un microbioma que funciona correctamente mantiene el equilibrio natural de la piel, se hidrata de forma eficiente y resiste mejor las agresiones.

Una barrera cutánea fuerte es señal de equilibrio en el microbioma. Esto ayuda a reforzar la capa lipídica, una película natural de aceites que cubre la piel y gracias a la que se reduce la pérdida de agua transepidérmica, manteniendo la hidratación y protegiéndola frente a los factores externos.

Los microorganismos beneficiosos trabajan juntos para mantener a raya a los que dañan la piel, para lo que producen sustancias naturales que actúan como defensa y preservan la armonía de la piel.

Asimismo, un pH saludable y estable es señal de un microbioma en buenas condiciones. Mantiene el pH cutáneo entre los 4.5 y los 5.5, creando un entorno adecuado para que las células funcionen de forma correcta y permitiendo una regeneración óptima de la barrera.

Cuando todo esto funciona como corresponde y el microbioma está en buen estado, la piel emite unas señales claras como una textura uniforme y suave con una superficie tersa y flexible; un tono luminoso y uniforme sin rojeces ni zonas apagadas; y responde bien cuando se aplican cosméticos que son mejor absorbidos y la piel muestra menos reacciones o sensibilidad.

Lo que hace el desequilibrio de la microbiota

La composición de la microbiota cutánea depende de las características de cada huésped, es decir, la edad, el sexo, los genes, el estado del sistema inmunitario, la dieta, los niveles de estrés y del entorno, el estilo de vida, la higiene doméstica y personal, las condiciones de vida, la situación geográfica, la exposición al sol, etc. En determinadas ocasiones, factores como el estrés, un cambio en el estilo de vida o el uso de medicamentos como los antibióticos o artículos de higiene personal rompen el equilibrio de la microbiota y las bacterias que antes eran beneficiosas se apoderan de la piel y se vuelven patógenas. Las enfermedades cutáneas más comunes se asocian con cambios que se producen en la microbiota, situación que se denomina disbiosis.

Cuando se produce este estado de disbiosis, se acompaña de forma frecuente de trastornos patológicos como el acné, la dermatitis atópica, la psoriasis, la dermatitis seborreica, la rosácea o el cáncer de piel. También es posible observar cambios en la microbiota en algunos trastornos no patológicos, como pueden ser la hipersensibilidad cutánea, las sensaciones de molestia o irritación o la dermatitis del pañal. Como sabemos, la piel se encuentra expuesta de forma constante a diferentes factores externos que se relacionan con el estilo de vida (el frío, el calor, el sol, los rayos UV, los productos de higiene, etc.) o a factores particulares como los genes, la sensibilidad, las alergias, etc., que pueden afectar a las propiedades físicas, mecánicas o microbianas. Además, la microbiota está implicada en la cicatrización de las heridas y en el olor corporal.

El intestino y la piel se encuentran estrechamente relacionados, existiendo entre ambos un canal de comunicación que se conoce como eje intestino-piel. Son varias las enfermedades comunes, como la citada dermatitis atópica o la rosácea, que se asocian a la disbiosis intestinal.

La microbiota es de gran importancia tanto si se encuentra en la piel como en alguna otra parte del cuerpo, por lo que su cuidado ha cobrado cada vez mayor relevancia. Existen varias maneras de mejorar el equilibrio y la diversidad de la microbiota, empezando a nivel intestinal, ya que deriva en las demás partes del organismo.

Los productos orales como los suplementos de probióticos, prebióticos y simbióticos pueden ayudar a mejorar la salud de la piel, gracias a la modulación que se produce en la microbiota intestinal. También se puede mejorar la dieta y obtener buenos resultados.

Tomar probióticos implica ingerir microorganismos vivos que, en la cantidad adecuada, ejercen unos efectos beneficiosos en la salud. Determinados probióticos resultan eficaces en algunas enfermedades inflamatorias cutáneas.

Con los prebióticos, fibras alimentarias específicas y no digeribles, que ejercen efectos beneficiosos en la salud si se utilizan de forma selectiva, se han obtenido buenos resultados en los casos de dermatitis atópica.

La dieta es esencial, ya que la diversidad y la calidad de lo que comemos contribuyen de forma directa a mantener el necesario equilibrio de la microbiota intestinal y, en consecuencia, al resto del organismo. Una dieta desequilibrada puede afectar a la composición de la microbiota intestinal, lo que puede derivar en ciertas afecciones. Mantenerse en forma requiere saber cuáles son los alimentos que mayores efectos beneficiosos o adversos tienen y llevar una alimentación consecuente.

En definitiva, podemos decir que la microbiota en general es un terreno fascinante y la microbiota cutánea es tan fascinante como inexplorada. Los avances en este terreno de la microbiología han sido muy relevantes en los últimos años, aunque para alcanzar una mayor comprensión y que sea más precisa sobre la participación microbiana en todos aquellos problemas que se producen en la piel, para contar con nuevos enfoques, es necesario ahondar más en la materia y contar con puntos de vista terapéuticos, promicrobianos y antimicrobianos para poder tratar los trastornos que afectan a la piel.

 

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