¿Por qué un divorcio no puede ser un motivo para sonreír?

¿Por qué un divorcio no puede ser un motivo para sonreír?

La vida es un continuo devenir de etapas. Una persona pasa, a lo largo de su vida, por un buen montón de etapas, en las que los propósitos, la autonomía o la capacidad para desempeñar cualquier labor son diferentes con respecto a la anterior. Unas son, eso sí, más fáciles o más difíciles que otras. Ser capaces de disfrutar las etapas de la vida destinadas a ello y superar en la medida de lo posible y en las mejores condiciones las difíciles debe ser el principal cometido de cada uno de nosotros.

Esas etapas vienen divididas por momentos que son clave y que marcan nuestro futuro más próximo. Momentos como el de un casamiento, la llegada a la universidad, la consecución de un trabajo… son felices inicios de una etapa y otros, como por ejemplo puede ser el del divorcio, son el final de otra… un final que no tiene por qué ser triste puesto que significa el principio de algo que puede llegar a ser no solamente bueno, sino también sano para nosotros.

Solemos asociar el divorcio a algo negativo y no tiene por qué. Es una cuestión que manifiesta que en un punto de la vida nos hemos equivocado, pero que no conlleva ninguna desgracia aunque sí algún ajetreo burocrático. De hecho, y según lo que nos han trasladado desde las oficinas de Trámites Fáciles Santander, muchas de las personas que se divorcian en la actualidad suelen tener, más que una sensación de pesadumbre, una de alivio. Y es que saben que la elección que acaban de tomar les va a garantizar una vida más feliz de un modo inmediato.

Además, en España nos estamos empezando a acostumbrar a la palabra divorcio. Nuestro país es uno de los que mayor tasa presenta en este apartado de toda Europa. En concreto, y teniendo en cuenta los datos que ha venido manejando la cadena COPE, en el interior de nuestras fronteras se producen cinco rupturas matrimoniales cada minuto, siendo el segundo en todo el continente en lo que respecta a la tasa de divorcios. Lo cierto es que esta situación se ha convertido en algo habitual en España y que estamos más que acostumbrados a ella. A pesar de ello, nada debe borrar la sonrisa de su cara.

Pero, ¿cuándo son más habituales los divorcios? Lo cierto es que son muchos los medios de comunicación y las instituciones sociales que han tratado de estudiar esta materia. A continuación presentamos los datos ofrecidos por el diario El Independiente, que asegura que el 40% de los divorcios se producen cuando los afectados se encuentran en la década de los 40 y que son más habituales entre parejas de Ceuta, Cataluña o la Comunidad Valenciana. Los aragoneses, los castellanoleoneses y los extremeños son los que menos lo hacen.

Un nuevo punto de partida

Venimos destacando que un divorcio no tiene por qué ser una experiencia traumática. Es simplemente el punto que separa una vida que acaba y otra que empieza. Es el punto de partida de una nueva rutina, algo que puede ser muy positivo para nosotros y que puede traer de nuevo la felicidad hasta nuestras vidas. Multitud de personas han pasado por una situación como esta y manifiestan que divorciarse no solo no ha sido malo, sino que, para ellos, ha sido una de las mejores decisiones que han tomado en su vida.

Claro está que hay factores que determinan cuáles son las condiciones en las que se produce un divorcio. La cosa cambia muchísimo cuando hay niños de por medio a cuando no los hay. Suelen ser ellos los que peor lo pasan en situaciones como esta, pero lo cierto es que si hay una descendencia que ya esté crecida la situación suele ser parecida a cuando no se tiene hijos. Mantener al margen en todo momento a los hijos e hijas y hacer que no se posicionen a favor o en contra de uno o de otro es fundamental.

Es probable que la tendencia de los españoles a divorciarnos continúe manteniendo los datos que se manejan ahora de cara a los próximos años. Es importante que sepamos enfrentarnos a una situación como tal con la mayor entereza posible y planear una nueva vida que poco tendrá que ver con la que llevábamos hasta ahora pero que no tiene por qué ser necesariamente negativa. ¿Por qué un divorcio no puede ser un motivo de sonreír?

 

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