Superar el miedo al dentista es posible

Superar el miedo al dentista es posible

Todos los seres humanos en algún momento de su vida viven experiencias traumáticas que nos marcan de por vida. Depende mucho la edad en las que vivamos estas experiencias para saber si nos van a resultar un límite ante situaciones que en un futuro nos puedan ocasionar, aunque esto es difícil, por no decir imposible, de conocer de antemano.

Uno de los peores miedos que se pueden desarrollar es el miedo al dentista. Este tipo de miedos suelen adquirirse desde bien pequeñitos y suponen un lastre, porque en algún momento de nuestra vida todos tenemos que ir al dentista a hacernos las limpiezas bucales anuales, o algún tratamiento más importante.

Hay personas a las que no le supone ningún problema ir al dentista, pero para aquellas personas que sufren los dolores derivados de enfermedades dentales sin tratar por no ir al dentista supone una verdadera desidia el miedo, ya que les impide vivir una vida plena. Esto se puede modificar, como casi todo en la vida. En el artículo de hoy vamos a hablar precisamente de cómo superar este miedo al dentista.

Pasos para no temer más al dentista

Vamos a hablar de dos situaciones diferentes que se suceden en una visita al dentista. La primera se sucede antes de ir al dentista, y es cuando nos acordamos de nuestro miedo al mismo, esta situación debe tratarse. La segunda, es durante la visita al dentista.

Empecemos por orden, todo miedo tiene un origen y es importante identificar cuál es el miedo que nos supone ir al dentista. De esta manera podremos tomar acciones para, entendiendo el origen del miedo, corregirlo y tratarlo para entender porqué surgió y si podemos olvidarlo o controlarlo.

Ayuda mucho conocer información sobre los tratamientos que se realizan en el distinta, los procesos que son indoloros y los que generan más molestias, y para muchas personas también ayuda saber que el dentista es un profesional titulado. Todo esto nos ayuda a prepararnos y a ser conscientes de que si sufrimos estrés o ansiedad es normal, y se puede controlar fácilmente con técnicas de meditación o respiración.

Una vez que podemos controlar nuestros miedos a través de diferentes formas, previo conocimiento y tratamiento del origen del mismo, hay que pedir cita previa. Para ello no escatimes tiempo buscando varias clínicas, lo más recomendable es preguntar a amigos y familiares que estén contentos con los servicios de un dentista.

En mi caso, la clínica que más confianza me aporta es CareDent Albacete, una clínica dental con muchos años de experiencia ayudando a sus pacientes a tener una sonrisa sana, cuidada y reluciente, con la máxima de proporcionar la mejor atención a sus clientes y ofrecerles un servicio de la mano de dentistas cualificados y especializados, trabajando con instrumentos de avanzada tecnología que permite realizar un diagnóstico más preciso, panorámico e intraoral con radiografía.

Ahora toca saber qué tenemos que hacer una vez en la consulta para no pasar un mal rato. Lo primero de todo tenemos que hablar con el dentista de antemano, tenemos que confesar que tienes miedo al dentista, ya que hay muchos profesionales con formación que te ayudarán y harán de la visita al médico un mero trámite.

Uno de los momentos críticos es el tiempo que se pasa en las salas de espera, aquí lo más recomendable es estar acompañados para distraernos con una conversación amables hasta entrar en la consulta. También puedes abstraerte escuchando música, leyendo, pintando o realizando técnicas de respiración o meditación.

Durante el tratamiento podemos pactar con el doctor una señal, gesto o toque para detectar momentos de estrés o dolor para poder parar, relajarse y seguir. Como comentamos muchos dentistas saben cómo tratar los miedos, y lo hacen hablándonos y comentándonos los procedimientos.

Una vez acabado el procedimiento, que por cierto no duele tanto como diesen, es importante que el odontólogo nos comunique cuál es el resultado de la sesión, si hay problemas que no se sabían y que nos comente una forma de corregirlos. Lo importante es tener claro qué es lo que va a pasar después del tratamiento, y sobre todo, si hay que volver otra vez.

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